Cuando “El Gilillo” liberó a Wong

Calumniando

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El secuestro, es uno de los delitos más invasivos con el que la sociedad bajacaliforniana ha tenido que lidiar en diversas etapas de la historia del Estado.

Destruye patrimonios, acaba con familias, infunde miedo en la sociedad y en las casos más radicales, acaba con la vida de inocentes, que su único “pecado” es trabajar para tener un futuro mejor.

Según el Código Penal de Baja California, en su artículo 164, se cataloga como secuestrador al que prive de la libertad a otro, con el fin de obtener un rescate,o en su defecto, provocar daño o perjuicio al secuestrado o a persona distinta relacionado con él.

En la actualidad, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) cuenta con la Unidad Estatal de Atención al Delito del Secuestro, la cual ha sido capacitada en tiempos del procurador, Rommel Moreno Manjarrez, por la Unidad “Gaula” del Estado colombiano.

“Los Gaulas”, una de las mejores unidades antisecuestros de America Latina.

Pero no siempre Baja California contó con una unidad especializada para atender este terrible delito.

En los años anteriores a la capacitación, los antiguos policías judiciales del Estado, tenían que utilizar “todas” las herramientas que tenían a su alcance para lidiar con este delito.

Hasta el punto, de haber solicitado apoyo táctico y lógistico del Cártel de los hermanos Arellano Felix (CAF), para liberar a personas secuestradas en Baja California.

Para las nuevas generaciones, el cartel de Tijuana, o también conocido como el CAF, era unas de las organizaciones criminales que generaba pánico entre los investigadores y funcionarios, cuando salía el nombre en alguna indagatoria de Ramón Arellano Félix, Benjamín Arellano Félix.

 

 

O el de sus lugartenientes, como Ismael Higuera Guerrero o Gilberto Higuera Guerrero, mejor conocido con ‘El Gil” o “El Tres Letras”.

A continuación relataremos parte de la historia “negra” de Baja California, cuando la Procuraduría solicitó apoyo al cartel del Tijuana, para liberar a un secuestrado en Mexicali.

Este relato no es ficción, ni parte de una novela policíaca, es parte de la historia de nuestro Estado.

Corría el mes de noviembre 1999. El gobernador del Estado era Alejandro González Alcocer, como procurador fungía el licenciado, Juan Manuel Salazar Pimentel y el presidente municipal era el ahora ex senador, Víctor Hermosillo Celada.

La tarde del 18 de noviembre de 1999, un poco después de las tres de tarde, los teléfonos de la oficina del Procurador y su celular, comenzaron a sonar intensamente.

La noticia. La desaparición y posible secuestro del empresario y casacambista de Mexicali, Dario Ramón Wong Lee, de 36 años.

Según testigos Wong Lee, llegó un poco despúes de las dos de la tarde, a la estación de gasolina La Nacional, en su vehículo Nissan Tsuru, de reciente modelo.

La gasolineria estaba ubicada en la avenida Madero y la calle México, en la zona Centro de Mexicali, cuando fue sometido a la fuerza por dos hombres.

Los testigos describِieron, que dos hombres armados, sometieron a la fuerza a Wong Lee, la víctima intentó resistirse, pero uno de los secuestradores disparó a Wong, y así lograron privarlo de su libertad.

A toda costa, la Procuraduría intentó evitar que el incidente saliera a la “luz pública”, y fue hasta el 20 de noviembre, que el vocero de ese entonces de la Procuradurِía, el amigo, Enrique Tallaeche, confirmaba a la prensa que Wong, había sido interceptado por dos hombres, pero nunca se dijo la palabra secuestro.

Pasaron cerca de tres días, para que la familia Wong recibiera la primera llamada, para confirmar que se trataba de un secuestro.

Las llamadas seguían y los plagiarios informaban a la familia de sus pretensiones; advertían que el Gobierno no se metiera, sino, matarían a la víctima.

El caso estaba generando mucha presión social; los empresarios no estaban contentos con el actuar de la Procuraduría, y exigían al Gobernador una acción contudente.

En ese tiempo, ningún delito de alto impacto se realizaba en Baja California, sin la anuencia del CAF.

Como se conoce en el ámbito poliacíaco, la “plaza” de Mexicali era manejada por Gilberto Higuera Guerrero, alias “El Gilillo”.

La presión social se mantenía, y diferentes sectores exigian la liberación del casacambista.

Un enlace de la Procuraduría envió un mensaje al jefe de la plaza de Mexicali, para que ayudara a la Procuraduría a la liberación de Wong.

El CAF por medio del jefe de la plaza de Mexicali, comenzó a realizar labores de inteligencia criminal.

La Procuraduría fue notificada por el CAF, que la célula de secuestradores que mantenía cuativo a Wong, era un grupo de nayaritas y sinaloenses, éstos últimos de Escuinapa.

Quienes después de este secuestro, pleneaban otros presumiblemente.

Fue el primero de diciembre del 1999, cuando sicarios del CAF realizó un asalto en una casa de la colonia Independencia, en donde Wong Lee, estaban plagiado.

Wong fue liberado por sicarios del CAF y siete secuestradores fueron detenidos, esa noche.

El próximo relato forma del testimonio presencial de un informante que estuvo en el hospital, donde atendieron a Wong Lee.

Pasaban de las 23:30 horas de ese primero de diciembre del 1999, cuando a las puertas de urgencias de Hospital Mexicali-Americano, localizado en la avenida Reforma, entre A y B, llegó un hombre armado que casi tumbaba la puerta.

El testigo abrió la puerta e inmediatamente miró la imagen del hombre, no era un policía, parecía más un hombre de campo, tenía cierto acento sinaloense, y calzaba de los tradicionales huaraches cruzados.

El hombre portaba un arma de fuego, de las conocidas como Uzi.

Con voz de mando, el hombre armado ordenó bajar de una camioneta Chrysler Durango, color, gris, con vidrios polarizados, a un hombre herido de una disparo de arma de fuego.

Una enfermera y un camillero, inmediatamente bajaron al hombre herido, este se quejaba de un disparo en un glúteo.

Otro hombre aguardaba en la camioneta, nunca bajó.

El empleado del hospital intentó realizar el llenado de la documentación del paciente, pero el hombre armado sólo gritó que lo atendieran, lanzó al piso un fajo de billetes envueltos con una liga y dijo que pronto vendrían a preguantar por el herido.

Se dio la vuelta y se marchó, corriendo con sus huaraches cruzados.

Pocos minutos pasaron, ya eran cerca de las doce de la madrugada, cuando arribaron al hospital decenas de unidades de la Policía Municipal y otras de la Policía Ministerial del Estado.

La recepción del lugar era un caos.

Hombres armados, con radios a alto volumen, solo preguntaban si Wong estaba en el hospital. Ningún empleado del nosocomío sabía como se llamaba el herido.

Llegó un enviado del Gobernador, y minutos después, el alcalde de ese momento, Víctor Hermosillo Celada.

La familia de Wong Lee, entre lágrimas y caras de asombro arribaron al hospital.

La noticia del momento era que la Procuraduría había liberado a Wong.

Del CAF nunca nadie habló. El hombre de los huaraches cruzados, nunca regresó.

En ocho palabras: Monreal prepara el camino a Maria Elena Andrade

 

 

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